
Una cosilla que he leído por ahí. Un cuento, vaya.
En una de las muchas leyendas relacionadas con el Rey Arturo, hay un episodio en el que se narra cómo, de joven, fue sorprendido cazando en los bosques de un rey cercano. Se le pudo condenar a la horca, pero se le ofreció lo libertad a condición de que en un año hallara la respuesta a una “difícil” pregunta: “¿Qué desean, realmente, las mujeres?”. Según Robert A. Jonson, de quien tomo la historia, se trataba de algo que “parecía imposible de resolver” y “hubiera dejado perplejo al mas sabio de los hombres”. Arturo, sin desanimarse, empezó a consultar a toda persona con quien se encontraba, sin obtener respuesta convincente.
Casi al final del plazo, le aconsejaron, como último recurso, visitar a una bruja muy sabia, muy vieja, muy repulsiva y muy fea. Como el tiempo apremiaba, aceptó el consejo. No mas verla quedó horrorizado de su aspecto, pero venciendo la repugnancia que le producía, se atrevió a hacerle la pregunta. A ella, desde luego, no le pareció ni siquiera difícil de contestar, pero como conocer es poder, exigió a cambio un buen precio: casarse con Gawain, el mejor amigo de Arturo y uno de los más nobles caballeros de la corte. Eso parecía excesivo para la magnitud del sacrificio, pero el elegido estuvo de acuerdo en aceptar, en bien de la amistad y de la Tabla Redonda. Con esa condición, la anciana ofreció su respuesta: “Lo que quieren las mujeres es el dominio de su propia vida”.
En la noche de bodas se presentó, no como la horrible bruja, sino como una hermosa joven, y le dijo que por haber sido gentil con ella, le mostraría su aspecto repugnante la mitad del tiempo y el afable y bello la otra mitad. Le preguntó cuál deseaba para el dia y cuál para la noche. Gawain dejó que decidiera por sí misma. Entonces ella le dijo que sería fina y hermosa a todas horas, puesto que le había respetado “el dominio sobre su propia vida”.
En una de las muchas leyendas relacionadas con el Rey Arturo, hay un episodio en el que se narra cómo, de joven, fue sorprendido cazando en los bosques de un rey cercano. Se le pudo condenar a la horca, pero se le ofreció lo libertad a condición de que en un año hallara la respuesta a una “difícil” pregunta: “¿Qué desean, realmente, las mujeres?”. Según Robert A. Jonson, de quien tomo la historia, se trataba de algo que “parecía imposible de resolver” y “hubiera dejado perplejo al mas sabio de los hombres”. Arturo, sin desanimarse, empezó a consultar a toda persona con quien se encontraba, sin obtener respuesta convincente.
Casi al final del plazo, le aconsejaron, como último recurso, visitar a una bruja muy sabia, muy vieja, muy repulsiva y muy fea. Como el tiempo apremiaba, aceptó el consejo. No mas verla quedó horrorizado de su aspecto, pero venciendo la repugnancia que le producía, se atrevió a hacerle la pregunta. A ella, desde luego, no le pareció ni siquiera difícil de contestar, pero como conocer es poder, exigió a cambio un buen precio: casarse con Gawain, el mejor amigo de Arturo y uno de los más nobles caballeros de la corte. Eso parecía excesivo para la magnitud del sacrificio, pero el elegido estuvo de acuerdo en aceptar, en bien de la amistad y de la Tabla Redonda. Con esa condición, la anciana ofreció su respuesta: “Lo que quieren las mujeres es el dominio de su propia vida”.
En la noche de bodas se presentó, no como la horrible bruja, sino como una hermosa joven, y le dijo que por haber sido gentil con ella, le mostraría su aspecto repugnante la mitad del tiempo y el afable y bello la otra mitad. Le preguntó cuál deseaba para el dia y cuál para la noche. Gawain dejó que decidiera por sí misma. Entonces ella le dijo que sería fina y hermosa a todas horas, puesto que le había respetado “el dominio sobre su propia vida”.
2 comentarios:
mirate esta película de Godard ''vivir su vida'' queda genial con ese texto.
Y si.. eso es lo que ansiamos, pero que pocos piensan o aplican.
el video es genial... ya no me dan miedo los videos. querría provarlo...
Q jugador el Gawain. ;)
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