
el mundo está lleno de gentuza






Puigcerdà ya no es lo que era (al menos lo que yo recuerdo, y estoy hablando de al menos hace 15 años). Todas las callejas sin salida han sido abiertas, los pequeños misterios que tenía para nosotros, cuando nos pasábamos el verano entero sobre la bici o en una piscina han sido sustituidos por asfalto, casas nuevas, todo diseñado para familias con niños; hay muchos edificios nuevos y relucientes, se ha llenado (lo siento) de sudamericanos y de negros... un valle pirenaico que hace años tenía su encanto por auténtico, viejo, inaccesible a veces... con sus vacas y payeses de mofletes colorados. El pan ya no es de pueblo, es de supermercado: Cadefau ya no existe (muchas cosas ya no existen), la bajada de Bourg Madame ya no es esa calle angosta de piedras donde me metí una leche con una bici sin frenos que me ha dejado una cicatriz en el brazo: ahora todo es asfalto, línea discontinua, ceda el paso y señales de velocidad máxima... antes no hacía falta limitarla porque los caminos no eran para ir rápido. Lo que antes era un prado ahora es el club de golf de Sant Marc. Hay una tienda de Hackett en la Calle Mayor y una de ropa de skate y snowboard en la calle Capcir, y las urbanizaciones se han multiplicado: casas pareadas de madera con tejados de pizarra, como si siempre hubiesen estado ahí. Pero no.