Son las 7:42 de la mañana y yo no debería estar despierto aún. Cada día estos señores, con un potente motor de succión (digo yo) se colocan en la esquina de delante de mi habitación para hacer BRUUUUMBRRUUUUMMBRURRURMMM yo pensaba que desde las 8, pero igual es a las 7:30 la hora que ha programado el Ajuntament para despertar a toda la Vila de Gràcia porque sospecho que con el rato que están (y cada día) no se trata de limpiar, o vaciar, o succionar, o yo qué sé. He llegado a la conclusión de que se trata de un Gran Artilugio Sonoro al que alguien, hábilmente, ha dado forma de camión, con doble fin: despertarnos a todos y hacer ver que mantienen esto limpio. El señor de la cabina en realidad no es ciego ni tiene deficiencia visual alguna: es el que controla el volumen de salida del Tremendo Cacharro y va controlando las caras asomarse -ojerosas e impotentes, como la mía- hasta que se da por satisfecho y entonces recoge velas, manda el Trasto a otra parte (quizá debajo de la UCI de la Quirón) y se pone a vender cupones.
Hijos de puta. Hay que decirlo.
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