
Es lunes y has quedado con tu novia para tomar una cerveza con sus amigas. Vas a l'Ovella Negra de la calle Sitges porque es un sitio céntrico y barato (y porque están ahí, básicamente). Te tomas un par de cervezas en la zona de fumadores.
Al salir, en los escasos metros que separan dicha zona de la calle te para un mongol con gorra (y más diámetro de brazo que de cabeza) que trabaja ahí y te dice que apagues el cigarrillo que tienes a medias en la mano. Le dices que sales ya y que no pasa nada. Antes de salir hay un plafón con un agujero para meter la cara donde las amigas de tu novia se hacen fotos. Mientras se hacen fotos el gorila subnormal te insiste en que salgas del local ya que eres un peligro para la salud pública, a lo que respondes saliendo del mismo para tirar la colilla a la calle y poder entrar otra vez, ya que te quieres hacer una foto con tu novia y vas de buen rollo y, qué coño, estás pasando por el aro.
Al querer entrar de nuevo, el Premio Nobel que está en la calle controlando el acceso al sitio (en un lunes en que deberían pagarte por animar el local con tu presencia) te indica que no puedes volver a entrar porque el mongol de dentro le dice con rudimentarias señas que les estás tomando el pelo. Le preguntas si en serio te está echando de semejante garito de mierda un lunes cualquiera por salir a apagar el cigarrillo tal como te han pedido y que si estamos en el parvulario y te dice que deberías saber que "las reglas son de parvulario, los bancos... hay gente con asma..." y ahí se queda.
Le dices algo así como que no es nadie para darte ninguna lección sobre la vida mientras te aguantas las ganas de patearle la boca por subnormal; coges tu moto y te vas a casa, mascullando groserías dentro del casco. No tienes media hostia pero sí más discernimiento que un gorgojo.
Es una pequeñísima anécdota que me acaba de suceder, pero es que la gente ES ASí: mucha gente que manda y ordena y organiza es así.
Gilipollas... ya lo dice el (sub)título de este blog. Buenas noches.
Al salir, en los escasos metros que separan dicha zona de la calle te para un mongol con gorra (y más diámetro de brazo que de cabeza) que trabaja ahí y te dice que apagues el cigarrillo que tienes a medias en la mano. Le dices que sales ya y que no pasa nada. Antes de salir hay un plafón con un agujero para meter la cara donde las amigas de tu novia se hacen fotos. Mientras se hacen fotos el gorila subnormal te insiste en que salgas del local ya que eres un peligro para la salud pública, a lo que respondes saliendo del mismo para tirar la colilla a la calle y poder entrar otra vez, ya que te quieres hacer una foto con tu novia y vas de buen rollo y, qué coño, estás pasando por el aro.
Al querer entrar de nuevo, el Premio Nobel que está en la calle controlando el acceso al sitio (en un lunes en que deberían pagarte por animar el local con tu presencia) te indica que no puedes volver a entrar porque el mongol de dentro le dice con rudimentarias señas que les estás tomando el pelo. Le preguntas si en serio te está echando de semejante garito de mierda un lunes cualquiera por salir a apagar el cigarrillo tal como te han pedido y que si estamos en el parvulario y te dice que deberías saber que "las reglas son de parvulario, los bancos... hay gente con asma..." y ahí se queda.
Le dices algo así como que no es nadie para darte ninguna lección sobre la vida mientras te aguantas las ganas de patearle la boca por subnormal; coges tu moto y te vas a casa, mascullando groserías dentro del casco. No tienes media hostia pero sí más discernimiento que un gorgojo.
Es una pequeñísima anécdota que me acaba de suceder, pero es que la gente ES ASí: mucha gente que manda y ordena y organiza es así.
Gilipollas... ya lo dice el (sub)título de este blog. Buenas noches.
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