30 julio 2012

Casualidades y otras reflexiones

Hace tiempo que pienso que las casualidades no existen, que quizá hay algo más grande que nosotros que no entendemos pero que nos va guiando hacia donde "tenemos" que estar (que también se supone que es donde hemos elegido, consciente o inconscientemente). Quizá soy un ingenuo pero si nada me dice lo contrario me dejo guiar por la casualidad. Como el conejo blanco de Matrix.
Desde que mandé a Francesca a la mierda (por fin) he estado viviendo en casa de Nico (respect!). Empecé a trabajar en un bar y cada vez estoy más "implicado": 6 días a la semana... unas 50 horas. Es agotador y debería estar mejor pagado pero me permite ganar pasta, conocer gente, no pensar, sentirme útil, etc etc etc. Quema mucho (de hecho estoy harto) pero he podido ponerme a buscar habitación, ahora que sé con cuánto puedo contar al mes. Pasito a pasito, como el que reaprende a caminar después de un accidente de tráfico. Centrarme en mí mismo, tranquilizarme e intentar entrever qué quiero hacer. Estas preguntas aún no tienen respuesta, pero al menos estoy "on the tracks" (o al menos eso creo). Pasito a pasito.
La casualidad viene cuando la semana pasada me dije a mí mismo "esta semana encuentro piso". Así fue, y ¿dónde? en Wagnerstraße, manda huevos. Sólo es por 2 meses y medio y el piso está bastante kaputt, pero la chica que vive ahí me pareció muy maja (aún tengo que conocer a la otra y a los respectivos). Cuando tenga que dejar ese piso, se queda libre el de Enzo, aunque aún tengo que ir a verlo y no sé si me convencerá ya que al parecer es minúsculo y necesita una bomba nuclear para limpiarlo. El caso es que seguiré buscando, ya que el mercado en Munich está tan difícil que nadie me asegura que para mediados de octubre haya encontrado algo que me guste y donde me acepten, pero eso: pasito a pasito.
He pasado, como decía, un año DE MIERDA, culminado por unos 3 meses de infierno. Ahora parece que ya ha pasado todo y mientras recojo los restos de lo poco que ha quedado de la vida que conocía veo que me he quedado solo, para bien. Yo me he metido en esto, cierto: en su día no vi que tenía que buscar un trabajo (había venido con promesas de mucho trabajo de lo mío, que es lo que llevo haciendo 9 años... ¿quién iba a pensar que tenía que meterme en una cocina o en un bar?). Confié y me salió mal... ¿o no? ya veremos. Vine con una persona que no respetaba ni mi manera de ser, ni mis ideas, ni mi trabajo; una persona que no escatima en usar toda la artillería cuando algo no le gusta en contra de alguien a quien -en teoría- ama. Poco a poco el síndrome de Estocolmo va remitiendo: es normal, hemos estado tres años y medio juntos, hemos vivido de todo y habíamos hecho muchos planes, pero en algún punto todo se fue a la mierda y seguimos intentándolo, por el recuerdo de lo que fue, por el deseo de que volviese a ser (porque nos queríamos igualmente, coño) y sólo conseguimos hacernos más daño. Tanto tiempo de voluntad, energía y amor pasa factura, esto no se olvida de la noche a la mañana pero debo recordarme la cantidad de veces que me hizo daño, de lo cruel que puede llegar a ser y de lo débil que fui al no tomar las riendas del asunto mucho antes. Nota mental, lección a aprender: la gente es como es y como dice el proverbio: "si aprietas una naranja lo que sale es zumo de naranja, porque eso es lo que lleva dentro". Si pretendes que salga otra cosa, es asunto tuyo darte cuenta de que te equivocas. El ciclón se lo ha llevado todo y me he quedado con el culo al aire, solo conmigo mismo (y un puñado de buenos amigos, sin los cuales no habría aguantado todo esto). Quizá la Vida tenía esto reservado para mí (o quizá lo deseaba y la Vida me lo ha dado en la única forma posible): una purga absoluta para desechar lo accesorio (casi todo) para encontrarme conmigo mismo, dejarme absolutamente desnudo para saber quién soy, quién quiero ser, qué quiero hacer. Aprender de mis fallos, identificar mis defectos y saber mis virtudes sin cristiana modestia, mal aprendida en tantos años de colegio; y más importante: aprender a no tragar con cosas que no me gustan. A la Vida no le importa lo que queremos; el tiempo avanza hacia delante sin detenerse, como una apisonadora. La gente viene y va, lo queramos o no, pero mientras duró, quizá fue bonito... y si no lo fue es porque lo alargamos innecesariamente. 
Ahora sigo sin saber qué hacer, las respuestas llegarán poco a poco: ya no quiero más "por probar" o "de momento" (aunque eso es lo que estoy haciendo en el bar). No soy camarero: soy fotógrafo, y en Munich no quiero estar, ni por ella, ni por la mierda de año que he pasado metido en un piso y cuidando de un perro, intentando que se abriese alguna puerta en este pueblo de mierda de mentalidad cuadrada y retrógrada.  ¿Qué es lo que hay que entender cuando nada funciona? ¿Que hay que seguir luchando? ¿Que hay que cambiar de estrategia? ¿Que hay que abandonar? No lo sé..... Ahora tocan unos meses más de esfuerzo extra: trabajar a diario en el bar y usar las horas libres para "ser" fotógrafo: buscar agencia y clientes; pensar, organizar y hacer fotos; hacer todo el networking posible... lo que hice este año, vaya. Confiemos en que poco a poco pueda volver a hacerlo a tiempo completo, o en que las casualidades me lleven adonde quiero/debo y, de una puta vez, me sienta contento con mi vida.

It's time to shine, como decía Henry Rollins.

No hay comentarios.: