Creo que me estoy haciendo mayor. Empieza a haber cosas que no entiendo, y echo de menos los tiempos en que no había móviles, en que si tenías que hacer un trabajo para el colegio buscabas en enciclopedias (en papel), y calcabas los mapas físicos y políticos. Los sábados veíamos a Jomeini en Informe Semanal y los domingos, a Mendoza y a Núñez en Estudio Estadio, papá pagaba la casa y mamá hacía la comida. Comíamos pizza una vez al año (o dos) y las botellas de vidrio se devolvían al colmado de abajo. La única preocupación era aprobar los exámenes, Félix Rodríguez de la Fuente o Érase... eran citas obligadas en toda España y al cotilleo sólo se dedicaban cuatro revistas. Nueva York era territorio comanche, según Canción Triste de Hill Street, en Filiprim aprendíamos nombres de pueblos de Cataluña, los teléfonos tenían 6 o 7 cifras y nos reíamos con Martes y 13 en nochevieja.
Podría seguir rebozándome en nostalgia, diciendo que todo era mejor antes, pero sólo serviría para distraerme de lo que ahora tengo que hacer: montar el book con las fotos nuevas. ¿Qué poner? ¿en qué orden? ¿qué quitar? ¿QUÉ DECIR CON ÉL? Buscar agencia, buscar clientes, llamar a todo Dios, ser encantador, seguro de mí mismo, vender motos, ¿cambiar el book según a quién se va a ver? Competir en ideas, competir en rapidez, competir en precio, adivinar lo que quieren, retocar lo que falta, llamar otra vez para saber cuándo pagarán, negociar hasta el buenos días, no poner demasiado el culo, perseguir a quien te interesa....
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