Que no amanezca. Que no llegue nunca el día, con sus coches,
sus aviones, sus periódicos, sus teléfonos y sus prisas de mierda. Que esta
habitación no amanezca. Hoy no. Quiero estar contigo así, uno al lado, encima, debajo del otro,
jugando con nuestro pelo, oliendo tu cuello, abrazados, sin que pasen las horas. Que nos olvide
el tiempo, que olvide nuestro duermevela dulce de besos y piel, nuestro
silencio de labios y caricias, la física que atrae nuestros cuerpos, la
geometría de nuestros arañazos. Que no encontremos la salida. Que se pierdan aún más adentro nuestras miradas, a ambos lados del espejo, y
nuestras soledades, juntas, que encajan como sístole y diástole. Que no encuentren el camino de vuelta. Que siempre sea
ahora, que ahora dure siempre. Quiero dormirme y despertarme y oírte dormir y
que me despierten tus besos y que no se acaben estas horas en el mundo de esta
habitación. A la deriva ahora, en paz tras la tormenta en el océano de tu cama, nos
perdimos en el otro, conseguimos ser uno. Que no amanezca. Hoy no.

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