Sí, ya estamos otra vez a 31 de diciembre y no lo puedo evitar. Especialmente este año que ha sido tan intenso...
Hace un año Francesca y yo hacíamos los preparativos para una cena en petit comité en nuestra casita de Garchingerstraße ante la atenta mirada de Wagner. La nieve se convirtió en hielo, el hielo se derritió, y a mediados de abril la cosa era tan insostenible (ya lo era antes, pero uno lo intenta por enésima vez) que la dejé. Era o eso, o mi salud mental. Eran las 4 de la madrugada cuando me encontré sin novia y sin casa (y no tenía trabajo ni dinero).
He tardado meses en poder volver a ser el que una vez fui... y mejor incluso. Mis 40 días en el desierto han sido 3 meses viviendo en casa de Nico, con mis cosas en una maleta, pasándolo francamente mal por el dolor de dejar a alguien a quien quieres más el dolor que esa persona te inflige más mis circunstancias "prácticas" (piso-trabajo-dinero-idioma). No quería volver a Barcelona y tenía que empezar de cero (PATATERO), básicamente con mis cojones como único instrumento para salir del fondo del pozo en el que me había metido... yo solito.
Gracias a la generosidad de Nico pude pasar el luto y reorganizar de manera total mi vida. Dicen que lo que vale la pena no viene fácil, y como decían en Fama: "esto cuesta. Y aquí vais a empezar a pagar, con sudor". He estado trabajando como camarero en el Itxaso desde finales de abril, al principio unas horas a la semana; ahora, 6 días a la semana, y eso me ha aportado no sólo una estabilidad económica suficiente para poder tener un piso (que al fin he encontrado) sino la alegría de estar activo, algo físico que no te deja pensar (imprescindible), y un aprendizaje continuo sobre las personas, aparte de conocer gente nueva que vale mucho la pena y que me han ayudado mucho en este proceso.
Durante gran parte de 2012 lo he pasado muy mal, pero llega un punto en que cualquier nueva mala noticia ya te resbala. Te haces inmune a lo malo y te centras en sobrevivir. Caer tan profundo hace que subir un simple peldaño parezca un logro fantástico y cualquier pequeña alegría la recibes de otro modo. No está nada mal. Lo bueno de nuestra memoria es que lo realmente malo se olvida (o al menos la carga emocional) y nos quedamos con que el proceso ha sido superado. Ahora estoy contento y con otra manera de ver la vida. Cierto, Francesca sólo ha sido uno de los problemas (gordo, eso sí): la manera recurrente que tenemos de pensar es la principal culpable de nuestros problemas, por eso decía que me había metido en el pozo yo solito. Otro resultado positivo de todo esto es que no te aferras a las cosas como antes: ahora me importa un bledo si vivo en Munich, Hamburgo o Londres. Ya he pasado por lo peor, ya he aprendido lo que importa y lo que no, y el dónde es sólo una variable que no tiene nada que ver con las experiencias que... tú mismo crees (del verbo CREAR). Todo está dentro de nosotros.
Hoy, 31 de Diciembre de 2012, soy más yo que hace un año, gracias a todo lo que he pasado. Y aunque no quiero volver a pasar por lo mismo, agradezco que la tormenta me haya traído, más fuerte, al puerto en el que estoy. Espero que 2013 sea una singladura con un barco mejor y aguas más tranquilas, pero si vienen vientos fuertes sabré capear el temporal, porque ya lo he hecho antes.
Ahora, a diferencia de hace un año, pienso con ilusión "¿qué va a ser ahora?". Ese intríngulis lo daba por perdido para siempre y lo he recuperado, gracias al calvario de 2012. Como dicen, bien está lo que bien acaba.
2012: gracias por sus servicios, de corazón. Hola, 2013, ¿qué nos traes?
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